Había sido una de esas citas que comienzan mejor de lo esperado. Él llegó puntual, fue amable desde el primer momento y durante toda la cena se mostró atento y respetuoso. La conversación fluyó con naturalidad y, por un instante, ella pensó que quizá aquella cita terminaría convirtiéndose en una bonita historia.
Pero todo cambió cuando llegó la cuenta.
La mesera dejó el recibo sobre la mesa y, después de que él entregara su tarjeta, regresó unos minutos más tarde.
—Disculpe, señor. Su tarjeta fue rechazada.