Me confesó que había hecho un «acuerdo» con Mason: le prometió contactos para conseguir una beca deportiva a cambio de invitar a Elsie al baile. Todo para tener una oportunidad de hablar con la hija a la que había abandonado por años.
Una decisión firme
Miré a ese hombre que jamás envió una carta, jamás llamó, jamás apareció en un cumpleaños. Y entendí que seguía siendo el mismo cobarde de siempre: alguien que hacía promesas grandiosas pero desaparecía cuando la vida se complicaba.
Entonces fingí ceder. Bajé los hombros y le dije que hablaría primero con Elsie para prepararla. Él sonrió aliviado. Esa fue la primera mentira de la noche.
Al volver al gimnasio, noté que la directora, el entrenador de Mason, sus padres y varios alumnos estaban cerca. Perfecto. Que todos escucharan.
Tomé las manos de mi hija y le conté toda la verdad: que su padre estaba escondido en el depósito, que él había orquestado todo, que había sobornado a Mason con la promesa de una beca.
Elsie tembló, pero levantó el mentón:
—¿Quería una oportunidad para hablar conmigo? Tráelo.
El enfrentamiento frente a todos
Traje a Darren de vuelta al gimnasio. Al ver el silencio y las miradas de toda la escuela sobre él, se dio cuenta de que su plan había colapsado.
—Elsie, querida, sé que esto es un choque… —comenzó.
—No me llames así —respondió ella con firmeza—. Hiciste que alguien fingiera quererme. En mi baile de graduación.
Mason, avergonzado, dio un paso adelante y le pidió disculpas. Confesó que Darren le había prometido ayudarlo con una beca de fútbol. Su madre se llevó las manos a la boca; su padre lo miró con rabia contenida.