“El médico me llamó y me dijo que no volviera a tomar aquella bebida. Lo que encontró en ella cambió para siempre mi forma de ver a Ethan.”
Me llamo Lilian Carter y tengo 59 años.
Durante seis años estuve casada con Ethan Ross, un hombre 31 años menor que yo. Muchos pensaban que nuestro matrimonio era extraño. Otros estaban convencidos de que él solo estaba interesado en mi dinero.
Pero yo nunca les creí.
Ethan era cariñoso, paciente y atento. Cada noche me llevaba un vaso de agua caliente con miel y manzanilla y me llamaba cariñosamente “mi pequeña esposa”.
Hasta aquella noche.
Después de verlo añadir tres gotas de un líquido transparente a mi bebida, guardé el vaso en un termo y lo llevé a un laboratorio.
Dos días después, el médico me llamó.
—Señora Carter, necesito que venga a la clínica. Y, por favor, no tome absolutamente nada de lo que le prepare su esposo hasta que hablemos personalmente.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿Qué encontraron?
Hubo unos segundos de silencio.
—Encontramos una sustancia que no debería estar en una bebida de consumo diario. Puede provocar somnolencia intensa, mareos, confusión y, dependiendo de la cantidad y del tiempo de exposición, problemas mucho más graves.